Somos Dignidad, Somos Pueblo Libre. ¡El Pueblo Negro no se rinde carajo![1] #¡SarayTuliaMarisLibres!

Somos Dignidad, Somos Pueblo Libre. ¡El Pueblo Negro no se rinde carajo![1] #¡SarayTuliaMarisLibres!
 

 

Ese fue el mensaje que recibí el domingo pasado cuando visité a Sara y a Tulia Maris en la cárcel de alta seguridad de Jamundí, donde se priva de la libertad a personas consideradas de alto riegos para la sociedad y que aparentemente han sido condenadas por crímenes graves o de lesa humanidad.

Tratadas como criminales que representan un peligro inminente, y sin embargo sin evidencias que demuestren que hayan cometido alguno, las liderezas y activistas del movimiento Negro que defienden la vida en los territorios ancestrales y nuestros derechos colectivos, el derecho a una vida digna y a la libre determinación del pueblo Negro, se sostienen con la fuerza poderosa de su dignidad e inocencia y el enorme respaldo que han demostrado todos aquellos que dedican su vida alcanzar la justicia social y racial en el mundo, porque sí, ellas no tienen solo al PCN, ellas tienen a muchas y muchos que las han conocido, o que aún sin conocerlas, saben que su criminalización es parte de una estrategia perversa de persecución y criminalización contra quienes de alguna manera buscamos desmantelar y transformar ese sistema.

El sistema perverso no dejó que mi compañera y yo viéramos a Tulia Maris. Ellas tenían que hacer, cada una, una lista de visitantes y en la de Maris no estábamos nosotras, y aunque pueden recibir visista conjunta por estar en un solo caso, las guardianas insistieron que sin un papel escrito no podía salir. Salió Sara y nos recibió con la emoción queriendo mojar sus ojos. Nos sonreímos, nos sonreímos, y nos pusimos a conversar.

Nos contó lo duro que fue llegar ese día 27 de abril a la cárcel y particularmente entrar a la celda donde se hacía innegable realidad su confinamiento; contó cómo Tulia Maris estuvo pálida por tres días y cómo ella sentía que tenía que mantenerse fuerte, sin dejarse quebrantar por la inminente realidad. Pero nos mostró también su resiliencia, esa con la que nuestras ancestras sobrevivieron para permitirnos hoy estar sosteniendo la lucha por la libre determinación del pueblo Negro y que nos ha enseñado que “resistir no es aguantar”.

Son tratadas con respeto, nos dijo. Y para mí era obvio, la dignidad no cambia de vestido, color o forma, no se asusta y no se oculta, cuando está posicionada y proviene de una historia colectiva de grandeza.

Sara nos habló de ese otro mundo, totalmente desconocido e ignorado para ella hasta ahora, que es la cárcel y de las mujeres que ha ido conociendo, sus historias, las razones por las que el sistema perverso corrupto las tiene allí, y las injusticias contra muchas. Nos habló de su interés por trabajar para hacer visibles los casos de las mujeres confinadas injustamente. En sus palabras se mostraba su indignación por mujeres que aun cuando el sistema tiene conciencia de que no han hecho nada, las somete a ser culpables y, como Sara y Tulia Maris, pagan la osadía de no rendirse y declararse culpables de lo que no han hecho.

Mi corazón experimentaba una gran emoción escuchando su firmeza al plantear que “esta experiencia me ha abierto los ojos a otro mundo”, se cuestionaba el que hemos estado trabajando tanto por la defensa de nuestros derechos, contra las injusticias y discriminación que se comete contra el pueblo Negro por la defensa de la vida digna, y no nos hemos percatado de esos otros mundos de injusticia y discriminación que el sistema juiciosamente silencia e invisibiliza. “Cuando salga de aquí voy a hacer visible este otro mundo” nos dijo. Saben que van a salir invictas porque en sus corazones está la verdad inquebrantable. Aún con la justicia ciega de Colombia, Sara y Tulia Maris no serán otras víctimas silenciosas del sistema perverso y corrupto.

Vimos niños visitando a sus madres y salir llorando por dejarlas allí. Nosotras queríamos llorar cuando salimos, pero Sara y Tulia Maris  jamás lloraron durante la audiencia donde un juez corrupto condenó su libertad obviando la falta de evidencias. Sara no lloró al despedirse y sabíamos que Tulia Maris no estaría llorando cuando no pudo salir a vernos. Pero dejarlas allá adentró es una de las cosas más difíciles que he hecho.

Sara nos contó que Tulia Maris se mantiene fuerte. Hacen planes de mantenerse ocupadas, de tomar los cursos que se ofrecen en la cárcel. Nos habló de sus reflexiones sobre la justicia propia y el papel que deben cumplir los Consejos Comunitarios como autoridades propias étnico-territoriales; sobre sus preocupaciones por la situación en el territorio, los riesgos que tienen las comunidades y la impotencia que siente de no estar allí con ellas continuando el trabajo de defensa y protección de sus derechos. Qué ironía, es de esas preocupaciones que se les acusa. Es ese trabajo cotidiano de filigrana, callado y juicioso que ha hecho Maris que se manipuló para mostrarlo como un trabajo criminal.

La animamos a que escriban y nos compartan esas ideas que han elaborado desde la experiencia de vida en comunidad. Su vida en el territorio, palabra que ahora también quieren criminalizar por que reconocen la dimensión de sentido que le hemos dado como pueblo Negro desde las prácticas culturales y de vida digna, le ha enseñado las razones para protegerlo, cuidarlo y defenderlo, y mientras está confinada, sus pensamientos siguen con él, como seguiría la madre con su crías, los amantes con su amor, el trabajador con su misión. No cabe duda que liderezas, activistas del movimiento Negro por la defensa de la vida digna en los territorios ancestrales y por los derechos colectivos del pueblo Negro.

Nuestra tarea era llevarles la alegría, el calor, el amor, la esperanza y la fuerza que nos encomendaron las hermanas y hermanos del PCN, la gente solidaria, su compañero y yerno, su pequeña hija, y la de nosotras mismas. Les contamos cuánta atención y solidaridad hay a su alrededor y cómo se trabaja para devolverlas a su casa y la familia. Reímos y chismoseamos como hermanas, hasta que pasaron las dos horas de visita y debimos irnos.

Salí con el pensamiento en Tulia Maris, enviando desde mi corazón a través de los mensajeros Orishas nuestro amor y nuestro respeto, y salí con la imagen del rostro hermoso de Sara, sus ojos directos y la firmeza de sus palabras en mi corazón cuando nos contó que en lugar de tristeza o desespero, sentía una enorme necesidad de agradecer; de escribir a todas y todos quién han estado acompañándolas y decir gracias. Que en lugar de victimizarse aún más, sentía que debía estar agradecida de esta experiencia que le mostraba otro mundo y otras injusticias incluso más grandes que la suya y de Maris. Quería decir ¡“gracias!”

En el momento en que lo dijo y cada vez que lo pienso, entiendo más aún el odio intenso y el racismo encarnado reflejado en las palabras del fiscal en las audiencias. Entiendo qué representamos y por qué se nos persigue y se nos ha querido someter históricamente para que no nos reconozcamos como pueblo. Tenemos dignidad, convicción y un espíritu inquebrantable que no va a descansar, no importa cuántas generaciones nos tome, hasta alcanzar la libre determinación del pueblo Negro. No es azar que se ensañen en dos de nuestras hermanas cimarronas. El sistema perverso corrupto piensa que pueden ser nuestra debilidad, nosotras sabemos que somos la fortaleza.

El mensaje de Sara es muy claro, jamás nos hemos rendido y aun esclavizándonos o encarcelándonos, nuestro espíritu libertario es inquebrantable. ¡Desde el Ubuntu, ellas con nosotras y nosotros somos un pueblo,  y el pueblo no se rinde, carajo!

Gracias hermanas Sara y Maris por su dignidad y fortaleza. Con ustedes nuestro profundo amor y respeto.

Con nuestro tradicional saludo de vida, alegría, esperanza y libertad #¡SarayTuliaMarisLibres!

#¡NosFaltanDos #SarayTuliaMarisLibres!

[1] Testimonio de Charo Mina Rojas, activista del movimiento Negro y militante del Proceso de Comunidades Negras en Colombia, PCN.

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